Thursday, November 16, 2006

Notas de Cántico Espiritual


"Aunque el camino es llano y suave para quienes tienen buena voluntad: quien camina, caminará poco y con trabajo si no tiene buenos pies y ánimo y porfía animoso en eso mismo."


San Juan de la Cruz




Antes de comenzar a escribir y entender acerca de la excelente obra literaria que nos deja San Juan de la Cruz con su Cántico Espiritual, es difícil adolecer de conocimientos previos a lo que es la Mística propiamente tal y sus efectos en España. En efecto La mística está vinculada con una práctica interior de lo religioso que supera y no puede explicarse solo desde el punto de vista doctrinal o dogmático. Presente en la religión hebrea, en la musulmana a través de corrientes como el sufismo, en la católica o en el budismo Zen, participa de la experiencia de lo extremo. Dentro de la mística destacan la mística alemana del siglo XIV, con su máximo representante, Meister Eckhart, autor de “Tratados y Sermones”. También debemos destacar la literatura mística española, de la que surge este gran representante San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús (1515-1582).


San Juan de la Cruz, es el poeta místico más puro y de expresión más intensa de la literatura española. Fue considerado poeta a lo divino, convirtiendo la materia religiosa en materia terrenal; logrando así confrontar estos dos mundos Su poesía se centra en la reconciliación de los seres humanos con Dios a través de una serie de pasos místicos que se inician con la renuncia a las distracciones del mundo.


En el misticismo, San Juan de la Cruz encontró símbolos como el vino o la embriaguez mística, la noche oscura del alma, el pájaro solitario y el alma como jardín místico. En el poema “Cántico Espiritual”, de San Juan de la Cruz, podemos encontrar huellas de las interpretaciones bíblicas cristianas o judías y de la poesía mística musulmana de autores como Ibn Arabi de Murcia e Ibn al Fraid. Además podemos ver que san Juan de la Cruz, en este poema, recupera las imágenes desconcertantes, los cambios abruptos y hasta la incongruencia de los tiempos verbales. Es en esta poética en la que el poeta pretende explicar las prosas del Cántico Espiritual, otorgando así a una misma imagen distintos valores simbólicos. (Con respecto a los símbolos me referiré más acabadamente en el argumento de la obra).


Estas son algunas de las definiciones clásicas de la teología mística que eran comunes en la Edad Media y, más tarde, en San Juan de la Cruz:


1. Juan Gerson (1363-1429) canciller de la Universidad de París: “La teología mística es el conocimiento experimental de Dios por medio del abrazo del amor unitivo”.


2. Buenaventura (1217-1274): “La teología mística es el ascenso de la mente a Dios por medio del deseo amoroso”.


3. San Juan de la Cruz (1542-1591): “Contemplación es la teología mística que llaman los teólogos secreta sabiduría, la cual dice Santo Tomás que se comunica e infunde en el alma por amor” (Noche oscura).


4. El mismo San Juan de la Cruz, comentando su propio poema, habla de una “ciencia sabrosa y amorosa”, y escribe: “La ciencia sabrosa que dice aquí que la enseño es la teología mística, que es ciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales, contemplación, la cual es muy sabrosa, porque es ciencia por amor, el cual es el maestro della y todo lo hace sabroso” (Cántico Espiritual).


Ya dejando de lado un poco la mística, aunque será recurrente en mi escritura el término, plasmo aquí una pequeña reseña biográfica de Juan de la Cruz:


Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, pequeño pueblo abulense perteneciente a Castilla y León, una comunidad autónoma de España.
Murió su padre cuando Juan tenía seis años; a los nueve años, se trasladó con su madre al abulense pueblo de Medina del Campo, en donde a los 17 años, ingresa en un colegio de jesuitas para estudiar humanidades.
El año 1563 toma los hábitos de la orden religiosa Carmelita, adoptando el nuevo nombre de fray Juan de san Matías; al año siguiente se traslada a Salamanca para cursar estudios de teología en su célebre universidad. En el año 1567 es ordenado sacerdote, y adopta el nuevo y definitivo nombre de Juan de la Cruz. Su ilustre paisana de Ávila, Teresa de Jesús, trabó gran amistad con él y le integró en el movimiento de la reforma carmelita que ella había iniciado.
En 1568 Juan de la Cruz fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, los cuales practicaban a ultranza la contemplación y la austeridad. Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir 9 meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: "Cántico espiritual". En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo.


Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció su paisana Teresa de Jesús, ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.
Cuando por fin es excarcelado y se dispone a cumplir con el traslado que se le impone a América, el 14 de diciembre de 1591, muere a la edad de 49 años.135 años después, es elevado a la categoría de santo, por la iglesia católica.


Ya es tiempo entonces- después de haber conocido la Vida de San Juan de la Cruz- de conocer un poco más de su obra. En lo que respecta al argumento de Cántico Espiritual se puede decir que es un poema de cuarenta estrofas de cinco versos cada una. Escrito durante los meses de su dura prisión, en una manifestación no sólo de la serenidad que el santo conservaba en medio de la prueba sino del provecho sobrenatural que su alma, ávida de purificación y de entrega, sabía sacar del sufrimiento. Las “Declaraciones” con que él mismo lo enriqueció al final de su vida hacen del Cántico Espiritual un verdadero tratando de teología mística. Es un diálogo entre el alma y el divino esposo, a la manera del Cantar de los Cantares de la Biblia, inspirado también por los escritos de Dionisio el Areopagita y de los místicos alemanes. La primera parte es la “vía purgativa”, en la que el alma busca a su amado y se purifica para merecer el hallarlo; la segunda, o “vía iluminativa”, es la respuesta del esposo que sale al encuentro del alma escogida; la tercera, o “vía unitiva”, es la celebración del matrimonio místico y la explosión de gozo agradecido en la perspectiva de la eterna bienaventuranza. Considero necesario citar parte de este canto:







Canciones entre el alma y el Esposo


Esposa


¿Adónde te escondiste,


Amado, y me dejaste gemido?


Como el ciervo huíste,


habiéndome herido;


salí tras ti clamando, ¡y eras ido!


Pastores, los que fuerdes


allá por las majadas al otero,


si por ventura vierdes


aquel que yo más quiero,


decidle que adolezco, peno y muero.


Buscando mis amores


Iré por esos montes y riberas,


ni cogeré las flores,


ni temeré las fieras,


y pasaré los fuertes y fronteras.


(Pregunta a las Criaturas)


¡Oh bosques y espesuras


plantadas por la mano del Amado!


¡Oh prado de verduras


de flores esmaltado,


decid si por vosotros ha pasado!


“La mística especulativa interviene aquí apenas, pues deja que domine la mística experimental. En esto consiste el especial interés del Cántico Espiritual. . . . Con gran razón se ha dicho que para hablar del amor divino con mayor penetración se necesitaría haber gozado de la propia bienaventuranza. Las páginas escritas por Santa Teresa sobre este tema, por admirables que sean, no alcanzan la profundidad de visión ni el poder de expresión de San Juan. En presencia del infinito oscuro, puesto que el amor de Dios es Dios mismo, el Santo no hace sino describir las impresiones por él recibidas, el único medio que queda a la disposición de la inteligencia en ese excepcional estado. Aunque trate de ocultarlo, San Juan hace el relato de su experiencia personal y nos da así una suprema contemplación del amor más calificado en vez de un tratado propiamente dicho” (H. Hornaert, Oeuvres spirituelles de S. Jean de la Croix, t. lll, avant-propos).


No es casualidad que al momento de la lectura de Cántico Espiritual, notemos una Organización de su Contenido. En los párrafos anteriores ya hablaba yo de las Tres Vías, las que son de importancia mayor al contemplar la redacción del poema. El conjunto del texto fue redactado en varias etapas. En primer lugar, las treinta primeras estrofas (orden del Cántico A) fueron compuestas en el calabozo de Toledo donde Juan de la Cruz hizo, en el seno mismo de su prueba, experiencias místicas decisivas, esto entre diciembre de 1577 y agosto de 1578. Las demás estrofas fueron compuestas en Baeza y en Granada entre 1579 y 1582. Las cinco últimas a continuación de una conversación con una de las carmelitas que él dirigía entonces : Francisca de la madre de Dios. La estrofa undécima : "Descubre tu presencia", fue también añadida más tarde.
Estas canciones fueron probablemente leídas y explicadas por Juan de la Cruz, en primer lugar a las carmelitas de quienes era el director espiritual. Pero en 1584, a petición de Ana de Jesús, priora entonces del convento de Granada, él redactó un primer comentario completo de ellas que fue copiado y difundido entre las carmelitas.Más tarde, experimentó la necesidad de amplificar y de remodelar su texto para hacerlo más coherente y ampliarlo a la totalidad de la vida espiritual; lo que hizo desplazando ciertas estrofas, añadiendo una estrofa suplementaria y desarrollando o reorientando ciertos pasajes de su comentario. El resultado fue una segunda redacción, llamada más tarde Cántico B, la primera convirtiéndose en el Cántico A. También fue copiada y difundida de modo que tenemos hoy dos familias de manuscritos de las dos redacciones. Un texto importante emerge de la primera familia (la del Cántico A): el manuscrito de Sanlúcar de Barrameda que comporta numerosas anotaciones autógrafas que serán desarrolladas en la segunda versión. Este manuscrito, que no es escrito de su mano, pero que Juan de la Cruz retocó, es calificado por él de borrador. Sirve de puente entre las dos redacciones. En la segunda familia (la del Cántico B), el manuscrito más representativo es el de Jaén. Sirve de base hoy a las ediciones de esta versión. No se ha dudado nunca en España de la autenticidad de estos dos textos, más aún cuando Juan de la Cruz no cesó, según el decir de varios testigos, de retocar sus escritos, hasta el fin de su vida. Es así que redactó también dos versiones de la Llama de Amor Viva. En Francia, no obstante, seguido a la edición española del Padre Gerardo, que dio en 1911 los dos Cánticos, un benedictino de Solesmes, dom Philippe Chevallier puso en tela de juicio la autenticidad del Cántico B que sería según él una obra de Tomas de Jesús.



Sus razones son esencialmente de orden espiritual, incluso de orden dogmático: un místico que ha tocado la verdad de manera directa no puede volverse atrás de sus dichos en lo que concierne esta verdad y modificar la intención y la estructura de sus escritos. Para sostener su tesis, no obstante, se valió de numerosos argumentos de crítica textual. Ninguno resistió al examen de los exégetas españoles que los examinaron (cfr en particular a los trabajos del Padre Eulogio de la Virgen del Carmen) y esta polémica que hizo gastar mucha tinta pertenece hoy al pasado.


En lo que respecta su título puedo decir que según lo investigado El Cántico Espiritual es uno de los cuatro grandes tratados del carmelita español. Su título no es suyo sino del Padre Jerónimo de San José que lo nombró así en su edición española de 1630. Juan de la Cruz mismo llamó Canciones a su poema, y Declaración de las Canciones a su comentario. A pesar que el propio San Juan no denominó de ese modo sus cantos, Cántico Espiritual hubiera sido un titulo adecuado desde el punto de vista del poeta cristiano.


En la medida que el consideró poesía sus escritos, y estos fueron escritos en prosa, lo primero sería concluir que el genero es Lírico, no obstante las “declaraciones” o comentarios que el propio Juan de la cruz hizo a su obra, son consideradas ensayísticas actualmente y no olvidemos que el poeta hasta poco antes de morir siempre estuvo haciendo acotaciones de sus textos, incluso reformulando algunos términos y a veces cambiando su musicalidad poética.


Ya adentrándome en el análisis del estilo de San Juan de la Cruz, quiero decir que es un gran honor contar con su poesía en nuestra lengua, tanto por los desconcertantes efectos de algunas traducciones como por el placer de sentir sus sentimientos en la lengua materna. Valorar la obra de San Juan de la Cruz supone tanto como explicar los recursos del placer estético literario. Tal vez resulte conveniente a este propósito traer a colación la diferencia entre literariedad y poeticidad. El valor del Cántico escapa a lo meramente convencional pues reside en su encuentro imprevisible, no regulado ni convencionalizable, en la comunicación de una experiencia singular que conduce y representa impulsos subconscientes y vivencias racionalmente incomunicables a través de un cauce expresivo de formas igualmente imprevisibles de enunciado verbal. La concepción de estos dos juicios de valoración como estadios progresivos de la especificidad o cualidad de lo literario aporta una cierta seguridad objetiva -aunque no demasiada- a la hora de acometer el estudio de los procedimientos empleados por San Juan en su obra.


Me refiero a esto porque esos ritmos, esa orientación y esa sensibilización simbólica en la obra de Juan de Yepes, son capaces de generar su unánime apreciación por parte de lectores de toda índole, es por eso el orgullo que siento, detallado un poco atrás.


Es a esa “sensibilización simbólica” de la que hablo en el párrafo anterior a la que daré énfasis en este análisis Estilístico ya que la primera paradoja del místico consiste en situarse en el lenguaje, tratar de señalar en él y con él una experiencia que el lenguaje no puede albergar, entre el silencio y la locuacidad, lo que suscita procedimientos análogos de expresión en todas las culturas. A la esencial inefabilidad de la experiencia corresponde una esencial ininteligibilidad, que tantos lectores manifiestan en juicios de “extrañeza”.


San Juan se mueve entre la imposibilidad de decir y la imposibilidad de no decir. Es en la transmisión de un contenido inefable donde se cifra la dificultad y el acierto “poético” de San Juan. Me voy a referir a continuación al modo en que consigue el autor superar la dificultad comunicativa que entraña el tema místico.


Como se ha expuesto en multitud de ocasiones, merced al empleo del símbolo puede San Juan comunicar una experiencia singular de manera que sugiera en los lectores una emoción semejante en índole e intensidad. Pero ¿en dónde radica el éxito - y el mérito- de la simbolización del Cántico? ¿Cómo logra un trasunto emocional correlativo al de la experiencia mística… en el otro? La respuesta parece tautológica: en su simbolismo, es decir, en su imposible degradación simbólica, concretización o reducción a alegoría.


Para Jung, la alegoría es una especie de reducción del símbolo al papel de mero signo, a la designación de una sola de sus posibilidades seriales y dinámicas. La alegoría resulta de la mecanización del símbolo, por la cual su cualidad dominante se petrifica y la convierte en signo, aun aparentemente animado por su ropaje simbólico tradicional: “El símbolo presupone siempre que la expresión elegida es la mejor designación o la mejor fórmula posible para un estado de cosas relativamente desconocido, pero reconocido como existente y reclamado como tal (...) Será alegórica la concepción que declare la expresión simbólica como paráfrasis o metamorfosis deliberada de una cosa conocida” (Jung, Tipos psicológicos II, 281-282.)


No se debe olvidar en atención a los destinatarios y a la intención originales del poema que los símbolos tienen una función didáctica primordial. Tal vez sea este el aspecto que me ha de resultar más complejo de explicar en nuestros días puesto que la literatura se ha desvinculado de toda intención moralizante, pero me parece indudable que San Juan no se aparta del uso tradicional del mecanismo simbólico: pretende comunicar una lección. No se trata tanto de ilustrar un modelo de comportamiento en la línea de las odas de fray Luis cuanto de exponer un objetivo ideal con una orientación programática mínima subyacente.


El misterio del símbolo, tan sentido en la poesía de San Juan, lo torna impalpable a la razón y lo posibilita para actuar como estímulo del inconsciente. El simbolismo es el arte de pensar en imágenes, perdido por el hombre civilizado. Se trata de una lengua olvidada, de un lenguaje perdido, parafraseando algunos títulos sobre el tema, que San Juan es capaz de revivir. El carácter de objeto intemporal del símbolo per se, al menos en su estructura íntima, puede motivar el actual aprecio de la obra pese a la pérdida de ese lenguaje, pues el Cántico apela de manera directa -como pretendía Wagner con su música- al inconsciente. De hecho, en opinión Jung, el inconsciente es “la matriz del espíritu humano y de sus invenciones” origen, pues, de todo símbolo y cauce idóneo para su interpretación.


Para la inspiración de Cántico Espiritual, son varias las influencias que la fundamentaron. Santo Tomás de Aquino sostiene que la infinitud de Dios supera cuanto la razón pueda alcanzar, porque lo finito no puede comprender adecuadamente lo infinito. Por esto los misterios de Dios no son antiracionales sino supraracionales. Frente a esta incapacidad del hombre para alcanzar el misterio de Dios, San Juan de la Cruz invita a una búsqueda que deja de lado lo intelectual, cierra los ojos del entendimiento y de los sentidos, y por el camino de la negación y del amor se encuentra con su Amado.


Cabe señalar que la inspiración fundamental de los místicos de la Edad Media proviene de los Evangelios, las Epístolas de San Juan, los Salmos, el Cantar de los Cantares, es decir la Biblia.


En otras palabras, la experiencia mística fue interpretada así: Dios que es amor infunde su don de amor en el alma. Cuando el alma responde a esta llamada recibe el espíritu santo que es el amor personificado. Para San Juan la experiencia mística es la “llama de amor viva”.


“¡Oh, llama de amor viva
Que tiernamente hieres
De mi alma en el más profundo centro!”



Otra de las fuentes fundamentales en la obra de San Juan de la Cruz es la Biblia, especialmente, el Cantar de los cantares: obra de contenido poético, considerada como perteneciente al grupo de los llamados libros sapiensales. Narra los desposorios del rey Salomón con la reina del rey de Egipto, pero Salomón simboliza a Cristo y la hija del faraón a la Iglesia y las almas unidas a Jesús por caridad. El objeto principal de este canto es el desposorio de Jesucristo con la Iglesia. No se trata de un amor platónico, sino de uno concreto, dinámico entre el alma, la esposa y Cristo. El Cantar de los Cantares trae una dimensión abierta que permite sustentar una experiencia de Dios real.


En el año 1575 apareció Obras de Boscán y Garcilaso, trasladadas a materias cristianas y religiosas por Sebastián de Córdoba. Está probado que San Juan leyó este libro, en su poesía hay abundantes reminiscencias de Garcilaso, algunas proceden directamente del poeta profano, otras le llegaron a través de Córdoba.


Hay una serie de coincidencias entre San Juan y Garcilaso, todas muy breves, apenas un adjetivo, un sustantivo, una corta frase. Transcribo la más clara de todas.


...el viento espira,
filomena sospira en dulce canto...


Gracilaso de la Vega


...el aspirar el aire,
el canto de la dulce Filomena...


San Juan de la Cruz


Las imágenes de oscuridad e iluminación en el Garcilaso amatorio fueron usadas y desarrolladas en la divinización por Córdoba: las imágenes del poeta profano se cargaban así de sentido espiritual.


La fuente que tanta importancia tiene en la Égloga II de Garcilaso es cargada de sentido simbólico en Córdoba y es luego la fuente de la fe en San Juan de la Cruz.


La profundidad de su poesía no es alcanzable en un solo y primer acercamiento. Solamente hemos iniciado un camino que requiere un largo recorrido, sin embargo si hacemos nuestras las palabras del Poeta, citadas al comienzo del ensayo, debemos porfiar y seguir adelante con voluntad y animo.






Jean Pierre Frederick at 2:58 PM