
La capacidad de fotografiar de la escritora Marta Brunet es innegable. Con su eminente calidad narrativa es capaz de relatar con grandeza, situaciones que nos parecen comunes aunque no lo sean, plasmando así las imágenes de sus novelas cortas en nuestra mente. Interesante es que Brunet no da vida a sus personajes en virtud de relatos miméticos, es decir no intenta describir a sus personajes de manera directa, sino más bien los presenta desde adentro. El lector conoce al personaje gracias a las reacciones de este mismo, de ahí que gran parte de las obras de la escritora de Chillán, presenten más diálogos que relatos descriptivos.
Respecto a lo anterior, mayor importancia reviste el lenguaje utilizado por los personajes creados por Brunet. En virtud del origen sureño de la escritora, eminentemente sus primeros relatos se desarrollan en contextos campesinos. Por tanto los personajes criollos y de origen huaso son casi arquetípicos en su obra, y por consiguiente es frecuente hallar términos aldeanos y campesinos, no exentos de picardía: “Con l’hambre que traímos un diaulo asao que nos dé encontramos rico”, y tampoco exentos de sabiduría. Tales personajes serán tan perfilados que en algunos casos bastará con sus propias características para dar acción a la obra, siendo ellos piedra angular de los cuentos como Doña Tato, Doña Santitos, Misía Marianita, Francina, Juancho, Tía Lita, Maria Rosa, Flor de Quillén. Incluso en la propia novela corta Montaña Adentro (1923), Marta Brunet introduce a dos personajes femeninos casi clásicos del sur de chile: Doña Clara y Cata. Estas mujeres de campo trabajan en una cocinería de una hacienda y cocinan para los trabajadores de esta misma. Y aunque parecen personajes de cuento, por lo caricaturesco de la narración, encierran rasgos éticos: Una madre esforzada y pobre, Una hija de carácter, y un pretendiente seguro y fuerte.
Jean Pierre Frederick at 10:31 PM