Friday, May 30, 2008



Jean Pierre Frederick (San Bernardo, 1986) Poeta y Profesor de Lengua Castellana y Literatura. Columnista de la revista literaria “Litera”. Ha participado en diversos Congresos y Seminarios Literarios del pais. Ha publicado “Piojos” (2007) y actualmente se encuentra realizando un estudio crítico de los cuentos de Roberto Bolaño.



La labor de transcribir sucesos acaecidos durante cierto momento clave de la historia siendo testigo visual de los hechos ha sido privilegio de pocos. Ciertamente en el descubrimiento y conquista de América hubieron muchos que ocuparon dicho puesto en la literatura universal, que fueron los “cronistas de indias”. Personajes de la talla de Bernal Díaz del Castillo fueron imprescindibles para conocer los acontecimientos de conquistas, guerras, motines y cuanto suceso bélico fue menester para la conquista de América. Dentro de este marco literario, de los relatos y narraciones de conquista, destaca un poema épico dedicado a transcribir los sucesos acontecidos durante el enfrentamiento de Españoles y Mapuches, llamado La Araucana.

Cabe destacar que La Araucana de Alonso de Ercilla, no es un relato del todo imitativo de la realidad, es decir no grafica lo real de los sucesos acontecidos para la conquista de Chile, puesto que de un total de 21.160 versos, en 11.256 hay una implicación testimonial de Ercilla en guerras no obstante sólo 3.964 de estos versos son “reales” o fuentes históricas fidedignas. Por lo cual es interesante analizar esta obra bajo el rigor imaginario de su autor, vale decir a cuáles arquetipos cosmogónicos, históricos y naturalmente literarios Alonso de Ercilla recurre, aun sin saberlo, para la elaboración de este atractivo poema épico. Dicho de otro modo, el presente ensayo pretende sumergirnos en el marco metaliterario de la obra especialmente en los momentos en que esta se aleja de lo verídico.

Antes de conocer América Alonso de Ercilla la imaginaba. Por lo que la imagen de los “otros” era dibujada por las ideas, creencias o mitos presentes en la cultura de Ercilla. Al echar un vistazo al contexto histórico en que vive el autor se puede destacar las fuertes creencias cristianas en la España del siglo XV, las ideas renacentistas y la fuerte influencia literaria que existía en virtud del máximo apogeo de los libros de caballerías. Wallace Irving en Los libros de Los conquistadores menciona la importancia de las historias que se mantenían en el inconciente colectivo de los conquistadores, puesto que los sucesos narrados (incluso los romances de transmisión oral, que eran cantados en los viajes a América) pasaban a ser ideas que estaban insertas en la percepción de la realidad de ellos, lo que significaba que confundían la realidad con ideas caballerescas y percibían el mundo desde una perspectiva fantástica. No es de extrañar por tanto que nombres actuales de ciertas localidades de América tengan influencias literarias de entonces, como la Patagonia que basa su nombre en el gigante Patagón de libros caballerescos. De ese modo los conquistadores y cronistas conocían la realidad en base a fantasear, fundamentados por los libros, romances, dicho de otro modo, por arquetipos presentes en la literatura. Este modo de percibir era trasladado a sus obras escritas, puesto que introducían hechos literarios ficticios de tragedias, poesía y epopeyas, a los sucesos históricos reales. Alonso de Ercilla no está ajeno a esta perspectiva de las cosas, por lo que es sencillo hallar en La Araucana ciertos arquetipos presentes en los cronistas de entonces y en la literatura histórica. Un aspecto importante es la presencia del Mito, como un elemento del imaginario universal, en la Araucana de Ercilla.

El mito a diferencia de la concepción del término que se tiene hoy (mentira, superstición, leyenda o invención) es una historia ejemplar, es decir, la explicación lógica de sucesos naturales, sagrados. La sensaciones acerca de lo tangible, lo que vemos, escuchamos se formalizan a través del mito, de tal modo que las culturas han idealizado, universalizado e incluso desingularizado ciertos acontecimientos gracias al mito. Ercilla y los cronistas dan cuenta de una realidad que simplemente no conocen por tanto basan los sucesos, o incluso los inventan, en mitos o acontecimientos sagrados de origen divino.

Lo arquetípico del mito es patente, por ejemplo al leer la visión cosmogónica del mundo que tenían antiguas culturas. Estos mitos cosmogónicos, a parte de cumplir la misma función tienen algunos trazos que dotan a todos ellos de una unidad arquetípica: todos ellos hablan de cómo surgió
el universo conocido y para ello siempre hacen un retrato inicial de lo que había antes. Es aquí cuando aparece un concepto muy interesante, el del Caos, Vacuidad… Ovidio lo define como "una masa tosca y desordenada", la cultura tibetana lo entiende como "un inmenso vacío sin causa y sin fin", la mitología escandinava cree que todo comenzó "en los tiempos en que nada existía, se abría en el espacio un vasto y vacío", el Popol Vuh de los mayas cuenta que “todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo".

Ahora bien remitiéndonos a La Araucana, la presencia del mito se brinda de diferentes modos, en primer caso debemos posicionar la postura simbólica del mito, Carl Gustav Jung considera que un elemento fundamental del mito es el símbolo, un elemento tangible, pero cargado de una resonancia o significación que nos remite a contenidos arquetípicos de la psiquis humana. Bachelard habla del arquetipo de el Niño Anciano figura contradictoria en la cual un niño presenta facultades intelectuales propias de un anciano o un anciano que presenta características mentales o físicas de un niño (como el mago Merlín) Ercilla nos habla de un anciano con características físicas de “encogido y altura infante” pero de sabiduría y conocimientos demostrados en la solución de los conflictos internos en los araucanos: Colocolo.

Otro elemento interesante es el mito territorial. Mircea Eliade les denomina Arquetipos celestes de los territorios destacando que el mundo que nos rodea tiene un arquetipo extraterrestre, es decir que las otras regiones corresponden a un modelo mítico pero diferente, de otra naturaleza. Al referirse a esta otra naturaleza asimilamos al mito todas las regiones salvajes, inexploradas, incultas, las mal llamadas “primitivas”. Ellas ya participan de mitos puesto que intentan explicar sucesos repetitivos naturales de manera lógica y divina (como en la mitología griega el ciclo de las estaciones se explica a partir del rapto de Perséfone, o cuando los dioses son culpables de los sucesos acontecidos en la guerra de Troya o la desdicha de Aquiles en La Ilíada de Homero) acá Ercilla nos habla de cómo los Hados están a favor o en contra de las conquistas españolas. Además, y dentro de este mismo prisma, cuando se exploran estos mundos salvajes o terrenos inexplorados se realizan actos -o ritos que vehiculan al mito- que repiten simbólicamente el acto de la creación, así la zona es “cosmizada”. Por ejemplo el cristianismo al conquistar erigía una cruz, repitiendo así el bautismo. Claro está, la función de los españoles al conquistar estas nuevas tierras era ampliar el cristianismo (Colón firmaba sus cartas como PORTUMS FERENS o portador de Cristo). Esta acción ritual está presente en la Araucana, especialmente cuando de modo muy curioso los españoles se encuentran, al comienzo de la segunda parte, a indios que sólo quieren que se les cristianice con el bautismo, tales indios les dan comida, ropas, medicinas. Tan solo les ayudan, a diferencia de los araucanos descritos hasta ese momento.

No está de más mencionar al mito de las batallas o los que según la visión de Lévi-Strauss están constituidos por contrarios irrencociliables, creación contra destrucción, vida frente a muerte, dioses contra hombres, españoles contra araucanos, diríamos en esta ocasión. Esta visón estructuralista habla del perfecto complemento que ejercen estas fuerzas contrarias, el hecho cómo se relacionan, el como se amalgaman al ser un todo o un sentido abstracto: La grandeza de los Dioses y la sabiduría de los Titanes. Ercilla eleva la posición de los araucanos de tal modo que les considera dignos enemigos de un digno conquistador, Ercilla nos dice de los araucanos:

“No son por flacos medios poseídos
Ni van por calidad, ni por herencia,
Ni por hacienda y ser mejor nacidos;
Más la virtud del brazo y la excelencia
Esto hace a los hombres preferidos”

“Son de gesto robusto, desgarbados,
Bien formados los cuerpos y crecidos,
Espaldas grandes, pechos levantados
Recios miembros, de nervios bien fornidos”

De ese modo con algo de imparcialidad de crónica Ercilla complementa en su relato el heroísmo castellano con el temple y la inquebrantable voluntad de los araucanos.

Dentro del pueblo aborigen Ercilla destaca la figura de Lautaro y Caupolicán y por parte de los españoles destaca la figura de Villagrán, Valdivia, Andrea, entre otros. Estas categorías de personajes elevan la posición de estos a la del héroe cultural. El Héroe es sin duda la figura mitológica por excelencia. Aquiles, Héctor, Rolando, Cid campeador. Especialmente cuando la clasificación de los héroes es binaria y/o contraria: Zeus y los titanes. Apolo y Dionisio, Viejo y joven, Alto y bajo, siendo estas características las que reflejan la necesidad humana de convertir diferencias de grado en diferencias de clase. (El Mago Fitón corresponde a un caso excepcional de la creación de personajes míticos, dioses o semidioses)

De a poco la explicación mítica de suceso y del mundo ha dialogado con las explicaciones filosóficas y científicas. Por lo que la lectura de algunos mitos ha dejado de ser literal, así la lectura alegórica de los mitos, nacida en Grecia en la época helenística, propone interpretar a los Dioses como personificaciones de elementos naturales. (Planetas o constelaciones cósmicas como arquetipo de algunas civilaciones babilónicas, Nínive en la Osa Mayor) De ese modo Max Muller teorizaba que los mitos tienen su origen en historias mal comprendidas sobre el sol, que ha sido objeto de personificación, convirtiéndose en un personaje antropomorfo (el héroe o Dios Solar). Muller también habla de lo contrario, de cómo los mitos se han ido disolviendo y así las imágenes de Héroes o Dioses han perdido su supremacía, su valor cósmico, de cómo los héroes han perdido su posición olímpica o de gallardía y valor. Quizás es aquello lo que le ocurre a Caupolicán al fin de las batallas, este empieza a temerle a la muerte, como elemento divino en un mundo profano. Caupolicán pide que no le maten, que el mismo se encargará de cristianizar a los araucanos. Jura obediencia a Felipe II. El gran héroe comienza a descender de su elevada posición mitológica a un lugar más terrenal, menos gallardo y sublime.

Finalmente y sabiendo que este ensayo da pie para nuevos estudios acerca de la presencia del mito como arquetipo en el imaginario de La Araucana, destaca la imagen de el Autor como un elemento arquetípico mediante la repetición. Puesto que la realidad se adquiere por repetición o participación, el mito y la historia se relacionan estrechamente. Ercilla traspasa, produce la abolición del tiempo profano, e la duración, de la historia, puesto que al reproducir este hecho ejemplar de la historia entre españoles y araucanos se ve transportado a la época mítica en la que sobrevino la revelación de esa acción ejemplar. Traspasa el tiempo real para continuar viviendo en su propia obra épica. Aquello corresponde a una necesidad profunda del hombre: no soporta la historia y se esfuerza por anularla en forma periódica y poética en este caso. Así Alonso de Ercilla ha transformado la historia en mito, y por años seguiremos hablando de la mítica batalla en la que fueron protagonistas Españoles y araucanos.

Jean Pierre Frederick
Ensayo Publicado en Revista ArqueArte y expuesto en congreso de Literatura Hispanoamericana de Universidad Alberto Hurtado, Universidad de Las Américas y Universidad Gabriela Mistral
Mayo/2007

Jean Pierre Frederick at 12:02 PM