Tuesday, August 01, 2006
El Mito: Arquetipo Cosmogónico
Las mitologías y los rituales de las distintas culturas son expresiones simbólicas que nos permiten descubrir la cosmogonía y la visión del mundo de los pueblos arcaicos y de las sociedades tradicionales. Al contrario de lo que ocurría en la antigüedad, hoy día la palabra 'mito' se utiliza generalmente como sinónimo de 'mentira', y con ella se pretende designar algo que no es real, es decir, lo ilusorio, fantasioso e imaginario. La Simbología trata de recuperar el sentido originario de esta palabra -cuya raíz está emparentada con el término 'misterio'-, comprendiendo que todas las culturas tradicionales más bien ven en sus mitologías la historia verdadera y más antigua de su raza; una historia arquetípica en la que los hombres de conocimiento acreditan por experiencia propia, ya que ellos se consideran -o más bien, se saben- herederos legítimos de sus dioses, cuyas hazañas y características -que las mitologías describen- constituyen un relato ejemplar y sagrado, un modelo a imitar.
El mito pertenece a un tiempo y a un espacio de naturaleza distinta al tiempo y el espacio ordinarios, a una dimensión inmaterial, que no por ser tal carece de realidad. Por el contrario, esa dimensión en la que el mito transcurre, es actual, sutil y verdadera. El hombre la recupera y actualiza por intermediación del rito, el que a su vez da vida y acción a los dioses de la mitología. En el ritual, se invocan estos seres arquetípicos, los cuales se hacen presentes 'encarnando' de alguna manera en aquellos que participan de él de modo consciente, dando esto respuesta a la respectiva pregunta planteada para este ensayo. Los dioses, espíritus o arcángeles esperan que los invoquen ritualmente, para hacerse presentes en el interior de quien de ese modo llama. Los ritos son simbólicos vehículos despertadores de dimensiones sutiles y con su auxilio los hombres primitivos en su relación con los lugares sagrados, alcanzan estados superiores de conciencia, pues ellos son capaces de transportar a la mítica edad de oro y de producir el recuerdo del Uno mismo, de lo más anterior y primigenio.
En las mitologías, que podemos revivir con los ritos,(este revivir es lo que hace que ambos términos se correspondan mucho) los dioses conviven con los hombres. Recordemos que los humanos son dioses caídos que pueden retornar a su morada celeste si superan las pruebas y acceden a los estados superiores que los mismos dioses representan. El rito da vida a esta realidad arquetípica, permite esta posibilidad, transmitiendo energías espirituales, y efectivizando la muerte iniciática y la consecuente resurrección. El 'show' que nos muestran el firmamento y la naturaleza es un ritual al que nos podemos sumar, leyendo en el libro de la vida. La Simbología considera como un rito a la existencia toda, y enseña que los actos cotidianos de amar, comer, dormir, trabajar, jugar, descansar, etc., pueden ser vividos como un verdadero ritual. También enseña que la atenta lectura de los libros sagrados y de las rigurosas obras de los autores verdaderamente tradicionales, así como la oración, el pensamiento sutil, la concentración y la meditación, pueden vivirse como un rito regenerador que nos habrá de llevar al conocimiento de los aspectos más verdaderos, espirituales y eternos de nosotros mismos. Nos dice Jorge Luis Borges que:
"…la música, los estados felices, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decimos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación que no se produce es, quizás, el hecho estético".
Estas palabras bien pudieran ser una descripción de lo que se siente cuando nos enfrentamos con las artes precolombinas –arquitectura, artesanías, códices, etc.– tomadas como expresiones de su cultura, es decir, cuando encaramos los símbolos de una sociedad tradicional e intentamos conocer el 'mundo' por su intermedio. Lo primero que se advierte en presencia de lo precolombino es una impresión de misterio, de cerrado enigma, que se manifiesta con una ajustada y coherente forma, fruto de un pensamiento que no conocemos, de una realidad que se nos escapa y simultáneamente se manifiesta ante nuestros ojos. Como ya hemos anotado, ésta es una característica propia de todos los símbolos –que para su conocimiento necesitan ser enseñados y aprendidos– que se hace patente en el arte antiguo del Nuevo Mundo, simbólico, mitológico y ritual, como expresión de una concepción total de la vida que las artes mágicamente repetían y representaban en forma constante, hoy enigmática.
En este orden de ideas tal vez los contemporáneos deberíamos considerar, con el fin de comprender la cosmogonía y la teogonía tradicional, al mundo como obra de arte, al universo como al objeto de diseño más perfecto y la manifestación artística más acabada y completa (pues contiene todo lo posible al mismo tiempo que toda posibilidad), el gesto artístico por excelencia, la expresión total del artista creador.
Subsecuentemente, la auténtica cultura y el verdadero arte, calcados por los hombres tradicionales y/o primitivos del modelo cósmico y sus leyes y estructuras arquetípicas serían las más elevadas y extraordinarias creaciones humanas y el hombre un intermediario y también un arquitecto a imagen y semejanza del Arquitecto Universal.
Entonces y respondiendo a lo cosmogónico y sus arquetipos, La cultura y el arte serían, entonces, símbolos o conjuntos de símbolos que revelaran a través del gran gesto ritual de una sociedad vivificada, en movimiento, la posibilidad de la realización metafísica, de lo suprahumano y lo supracósmico por su intermediación. La cultura misma configuraría una obra de arte y un soporte adecuado para acceder a lo sobrenatural si fuéramos capaces de verla en sus raíces como la respuesta original a todas las preguntas y necesidades, desde las más grandes a las más humildes, la réplica humana a los misterios insondables de la vida.Jean Pierre Frederick at 9:04 PM